La memoria del Bicentenario es otra
11 octubre, 2011
Los gobiernos hacen memoria a través de lo que tienen a mano, la idea es dejar en el colectivo imaginario una marca que no olvide el nombre del jerarca de turno. En este caso, José Mujica. Forma parte del ego humano y su necesidad de recordar lo grande que fuimos.

No cierran las cuentas con el Estadio Centenario
Por suerte, para ayudar a la memoria de los gobiernos hay técnicas. Recurrir a los símbolos es una de ellas. Traemos un símbolo y recordamos por asociación. El Bicentenario es un gran símbolo. Hace referencia a la génesis de una nación que lucha por librarse del invasor con éxito, recuerda la gloria de la revolución y ese toque emotivo que conmueve.
Entonces un presidente cualquiera y su aparato burocrático ¿por qué no puede usar el Bicentenario, una marca que ya se probó en otros países y anduvo bárbara para recordar el nombre del señor presidente. Encima ya vimos un montón de argentinos enardecidos con el 25 de mayo, nosotros también lo merecemos.
Ya puestos con el juego del Bicentenario, vamos a ver la historia qué nos dice. ¿En qué fecha podemos festejar esto?, pregunta el presidente. Pepe, la Jura de la constitución es el 18 de julio pero de 1830. El 25 de agosto tampoco sirve, muy tarde, señor presidente. Ustedes no saben nada, muchachos. Esas fechas son de blancos y colorados y nosotros somos otra cosa. Acá hay que reinvindicar a José Artigas, al Pepe, sí, señor el Pepe de la gente, el éxodo, el reglamento de Artigas, esa cosas, da igual.
Los gobiernos hacen memoria y nada malo hay en eso, lo malo es no reconocer que el ejercicio de la memoria selectiva según el foco por donde se lo mire, da diferentes resultados. Nadie recuerda lo malo que fuimos con la población originaria que ocupaban las tierras de la Banda Oriental, a nadie le sirve recordar un genocidio lento y sin imágenes de los charrúas, por hablar de símbolos.
Fernado Savater dice Los diez mandamientos del silgo XXI: “El problema no es que todo el mundo mienta, sino que determinadas mentiras queden impunes en el contacto oficial”, la frase dilapidaria la extraje de Arte y Falsificación en América Latina de Daniel Schávelzon.
El registro más reciente es otro, alguien hizo en 1930 un estadio de fútbol, patrimonio histórico uruguayo, para celebrar el Centenario de una república. ¿Histórico de qué historia? Sin duda, otra de la que me cuentan ahora.
Es duro reconocer que los gobiernos manipulan la historia a sus conveniencia y usan las escuelas para sembrar sus ideales de turno, pero no hay nada de malo en ello, menos en reconerlo. Sería todo un poco más honesto.
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